sábado, 20 de noviembre de 2010

Rieles

Me gusta seguir con los ojos los rieles de los tranvías, grises o llenos de la pacífica sangre de los avisos vecinos. Tienen, en algunas bocacalles, en algunas encrucijadas, el aire de un juego de surtidores que hicieran su flor en el medio. Acaban por caer a uno y a otro lado, con gracia pausada y segura. Parecen un lento descender de hojas de palmera o finas y decididas curvas femeninas.

Los que me dan compasión son esos trozos de vías abandonados en la calle: dos o tres metros de hierro encajados y presos entre los adoquines, haciendo lo posible por saltar, por escapar, por ser útiles. O porque un brazo vigoroso los arroje, silbando, como quien tira la barra, hechando estrellas, hasta el horizonte.

Baldomero Fernández Moreno